/ Política - ¡Servir al pueblo!
Para que no haya ningún defecto
  En nuestro país, los niños desamparados crecen sin preocupación alguna, bajo la atención del Partido del Trabajo de Corea y el Estado.
  Un día de julio de 2016, el estimado padre Mariscal Kim Jong Un acudió a la Escuela Secundaria para Huérfanos de Pyongyang recién construida.
  Contemplando con amplia sonrisa el panorama de la escuela levantada como un moderno palacio, dijo con tono muy complacido que estaba construido de modo satisfactorio.


  Ri Yu Jong, conferencista del Museo de la Revolución Coreana, dijo:
  "Durante el recorrido por la escuela, el estimado padre Mariscal Kim Jong Un pasó por una aula del segundo piso. Recorriendo con la mirada su interior, preguntó con voz afable con qué iban a escribir en la pizarra.
  El funcionario aludido le dijo que con el marcador acuático. Al escucharle, él se acercó a una mesa.
  Y afirmó que estaban bien elaboradas la mesa y la silla conforme a las edades y características corporales de los niños, y que era preciso unificar los materiales y equipos de enseñanza de que disponían las escuelas primarias y secundarias para huérfanos de todo el país, tomando por la norma las de la de Pyongyang."
  Ese día, el padre Mariscal dio instrucciones de colocar el ventilador en la sala de práctica culinaria y se trasladó a una habitación del albergue, donde desdobló personalmente la frezada para medir si se convenía a la estatura de los internados, dedicando así mucha atención a todos los pormenores, para que ellos no tuvieran nada inconveniente en el estudio y la vida.
  Gracias al amor a las posteridades del estimado padre Mariscal Kim Jong Un quien presenta como el asunto más importante del Partido y el Estado las labores para las nuevas generaciones, resuenan sin fin las alegres risas en la Escuela Secundaria para Huérfanos de Pyongyang.