Padre carnal
Al recorrerla, esbozaba amplia sonrisa porque todos los espacios interiores del edificio eran los de conocimientos y las aulas eran multifuncionales e informatizadas.
Ese día, los niños muy alegres se echaron a su seno, llamándole "¡padre!".
El primero de enero de hace dos años, el estimado padre Mariscal
Él hizo un recorrido por los dormitorios, el comedor, la sala de terapéutica y la despensa para conocer si ellos no tenían inconveniencia en la vida.
Luego, pasó por el aula de la clase n° 1 del segundo grado donde se impartía la lección de lengua materna.

Los escolares respondían al unísono y con voz sonora a las preguntas de la maestra.
El padre Mariscal estimó hasta la calidad de los manuales y cuadernos de los alumnos y preguntó con ternura qué les gustaba más.
Al verlos responderle con voz clara, dijo que eran inteligentes y, al examinar los cuadernos de lengua materna de los niños, elogió su bonita escritura, acariciando sus cabezas.
Y al ver al niño que le había entregado un ramo de flores y cantado en la época del Orfanato de Pyongyang, se alegró mucho, diciendo que su talla creció tanto que era difícil de reconocerlo.

Aquel día, antes de partir, el estimado padre Mariscal
En aquel entonces, él se asemejó al padre carnal.
En lo más profundo de su alma se encuentran siempre los niños sin padres.