Novela corta "3 años, 30 años" (5)
Dejé de reírme enseguida. Eché mi mirada a mis contornos y toda la clase prorrumpía abiertamente a soltar las carcajadas, que les hacían mover hasta los hombros. A la sazón, me di cuenta por primera vez de que se ven muy feas las muchachas que fingen ser mojigatas en tiempo ordinario, cuando se ríen olvidándose de sí mismas. Me sentí ofendido, no sé por qué.
Naturalmente aquella risa no era una mofa. Pero, ¡cuán lamentable es que el fogoso deseo de un hombre por el estudio sea objeto de risotada de las jovencitas a causa de una asignatura trivial!
"¡Puf! Por menospreciar lo menudo, perdí los víveres de un año."
Al fin terminó de leer Han Chol Myong. Únicamente los profundos suspiros que el daba, se parecieron a los del oso.
Él volvió la cara hacia la profesora con el gesto desanimado como si estuviera sometido a un trabajo penoso y entonces hubo quien comenzó a aplaudirle antes que nadie.
Fue Sol Mi. La siguieron los ensordecedores aplausos que estremecieron el aula. Fue difícil precisarlo si era expresión de estímulo o agradecimiento por haberles hecho reír...
"¡Compañero Kim Jun Min!"
Me levanté por último sólo después de llamarme por mi nombre. Francamente dicho, yo no estaba seguro.
Pero, no tenía ni un ápice la idea de repetir los precedentes de Han Chol Myong.
Al ponerme de pie en la cátedra, decenas de pares de los ojos se dirigieron hacia mí. Precisamente sería así la mirada de los espectadores de cuando esperaban en el teatro la próxima escena, con gran curiosidad.
Yo, tras una tos fingida, alcé lentamente la cabeza. Clavando la vista en un punto poco elevado de la pared de enfrente, respiré profundamente y abrí la boca con voz queda.
"Discúlpame, madre..."
Todo el mundo se quedó boquiabierto.
Seguro que la profesora también haya abierto sus fascinantes ojos con asombro, pero no me interrumpió tal como yo presagiaba.
Francamente dicho, fue bastante alto el nivel de mi recital de poemas.
Nunca me falté en la narración poética o recital de la poesía dialogada en funciones artísticas de la compañía durante el servicio militar. Sobre todo, esta poesía era una de mis predilectas.
"Quejándome del pantalón de lienzo tosco que me hiciste..."
Me venía a la memoria la imagen de la madre con mucha cana en las sienes.
Cuando pasaba por la casa en ocasión del examen de ingreso, me sentí culpable, porque debí mostrarle el acta de recomendación para el Instituto Superior de Maestros, a ella que depositaba gran esperanza en este hijo, tanto ahora como antes.
"¿Cómo te destinaron al Instituto Superior de Maestros?"
Mi madre me preguntó con tono sereno.
"Al conocerse de mis notas del curso secundario y del 'Premio de Sobresaliente 15 de Julio' que obtuve, dijeron que me convenía la docencia."
"¿Por qué lo aceptaste, a pesar de que ello no te agradaba?"
"¡Vaya, madre! Yo soy militar. Subrayaron reiteradamente los oficiales que debo considerar esto también como la orden de la patria..."
"En fin de cuentas, aceptaste lo que no te gustaba."
"Con tal de que sea mejor estudiar en el mayor instituto superior. ¿Esperas que yo sea un maestro primario tras el curso universitario de tres años?"
Al instante, me arrepentí de lo que dije.