Estimados delegados:
Hoy damos inicio al IX Congreso del Partido del Trabajo de Corea que será otro nuevo hito en la trayectoria de la sagrada lucha por el fortalecimiento partidista y la construcción socialista.
El último lustro que siguió al VIII congreso fue un periodo orgulloso en que todo el Partido y el pueblo, unidos compactamente, abrieron una coyuntura trascendental para el cumplimiento de la causa del socialismo a nuestro estilo.
Nuestra prolongada historia de la construcción socialista, que ha sido ardua en todo momento, no ha conocido jamás un periodo como los últimos cinco años en que logramos éxitos resonantes superando una situación muy penosa y difícil.
Cuando convocábamos el octavo congreso, las condiciones objetivas y subjetivas de nuestra revolución eran, literalmente, tan duras que resultaba sumamente difícil preservarla.
El bloqueo y las sanciones cada vez más brutales de las fuerzas hostiles, los sucesivos desastres naturales y la crisis sanitaria mundial frenaban seriamente el desarrollo de todas las esferas y amenazaban gravemente la seguridad de nuestro Estado y pueblo.
Para colmo, la labor económica del país seguía maniatada por métodos transitorios y temporales que persistían por decenas de años y cada uno de los sectores se empeñaba en mantener el statu quo, incapaz de aspirar al desarrollo.
De ahí que las metas de la Estrategia Quinquenal para el desarrollo de la economía nacional que había trazado el séptimo congreso estaban muy lejos de ser alcanzadas y en tal estado el Partido tuvo que finalizar las labores del séptimo periodo de su Comité Central.
Sin embargo, al cabo de cinco años todo ha cambiado radicalmente.
El octavo congreso del Partido analizó, revisó y criticó de modo acérrimo la falta del carácter científico de dichas metas, golpeó duramente todo lo anticuado, dilucidó en esas circunstancias la meta de trabajo y el rumbo de desarrollo ulterior y presentó la acertada orientación sobre los asuntos teóricos y prácticos fundamentales que contribuyeran a solucionar los problemas.
Los planes de todos los sectores eran ambiciosos y también claros.
Los proyectos de trabajo que concebimos con el principio de que debíamos cumplir todas las tareas inmediatas y cumplirlas a toda costa haciendo posible lo que antes era imposible, fueron diseñados y decididos al cabo de rigurosos estudios y deliberaciones científicos.
Aunque era muy crítica la situación, el Partido, el pueblo y el ejército emprendieron una acción enérgica con firme determinación e implementaron satisfactoriamente las resoluciones del Partido en todos los dominios como la política, la economía, la defensa, la cultura y la diplomacia. Como resultado, cosechamos éxitos abarcadores, trascendentales y dignos de la atención de todos y en ese proceso consolidamos en gran medida nuestra fuerza interna.
En particular, en el sector económico, frente principal de la construcción socialista, se cumplió en lo fundamental el Plan Quinquenal para el desarrollo de la economía nacional, se impulsaron con vigor el reforzamiento y el reajuste de la infraestructura tecnológica y la función de los importantes renglones industriales y muchas ramas de la economía, ya libres de la decrepitud y el estancamiento que arrastraban por muchos años, consolidaron en cierto grado sus bases y potencialidades que les permitirían avanzar de modo planificado y dinámico.
Además, el Partido y el Estado llevaron a cabo enérgicamente los ambiciosos proyectos de transformar la capital y demás localidades y mejorar sustancialmente la vida del pueblo, obtuvieron los logros que deseaban y definieron la correcta dirección para reactivar ese trabajo.
En el exterior, el Estado consolidó su posición irreversible, lo cual modificó en gran medida la estructura política global y su influencia y relación con nuestro país y creó condiciones y circunstancias favorables para acelerar nuestra construcción socialista.
Ahora cualquiera presencia cada día y cada instante una realidad en que todo se transforma a una velocidad incomparable con otros tiempos y tiene una clara noción y plena confianza en el camino a seguir y en la perspectiva de desarrollo de nuestro Estado.
Un lustro atrás, convocamos el octavo congreso con la fe, voluntad y disposición de abrir a todo trance una nueva era de avance y desarrollo, superando con nuestros propios recursos la crítica situación que atravesaba la revolución. Hoy estamos de cara al noveno congreso llenos de optimismo y confianza en el futuro.
Esto es, ciertamente, un enorme cambio y desarrollo y un logro enorgullecedor en la etapa actual.
Por añadidura, los valiosos frutos y creaciones monumentales, productos de nuestra lucha para acoger el noveno congreso con elevado entusiasmo político y éxitos laborales, coronan magníficamente el último lustro de nuestra trayectoria y gracias a ello el presente congreso significa, al pie de la letra, el éxito y promete otro éxito mayor.
Todos los éxitos del periodo del que rendimos cuenta constituyen grandes conquistas logradas enteramente por los abnegados esfuerzos de nuestros militantes, trabajadores, oficiales y soldados del Ejército Popular que han sostenido unánimemente y con total entrega el lineamiento y la política del Partido soportando todos los sufrimientos.
Tributo mi más cordial y sincero agradecimiento a todos ellos y demás ciudadanos quienes, con su firme e indoblegable espíritu de búsqueda y lucha, convirtieron el octavo periodo del Partido en una fase de gran auge de la construcción socialista y contribuyeron a hacer del noveno congreso una magnífica cita de balance y de gloria.
De igual forma, rindo mi sublime homenaje a los compañeros y mártires revolucionarios que en ese periodo sacrificaron su preciosa vida a la prosperidad y fortalecimiento de la patria y la felicidad del pueblo.
Además, envío mi cordial saludo a la Asociación General de Coreanos en Japón, otras organizaciones de compatriotas y a todos los connacionales en el extranjero que comparten con nosotros el ideal del fortalecimiento y desarrollo de la patria socialista.
Compañeros:
Sobre la base de un correcto análisis y balance del trabajo del octavo periodo del Partido, el presente congreso definirá lineamientos y políticas para llevar nuestra construcción socialista a una etapa superior y tomará medidas organizativas e institucionales destinadas a reajustar y potenciar la capacidad de dirección partidista.
Hoy nuestro Partido tiene por delante importantes y apremiantes tareas históricas como fomentar la construcción económica y la vida del pueblo y transformar cuanto antes todas las esferas de la vida socio-estatal, las cuales no nos permiten un momento de detenimiento o estancamiento y nos exigen esfuerzos más activos y tesoneros.
Particularmente, el nuevo periodo del plan en perspectiva es importante porque contempla impulsar a toda marcha la política del desarrollo local y el programa de la revolución rural de la nueva época, así como otros planes de mediano y largo alcance que incluimos en la política y emprendimos con el fin de realizar el anhelo secular de la población.
Comparado con él, el trabajo actual de los funcionarios de los órganos del Partido y el poder adolece de muchos y graves defectos y elementos negativos, entre ellos el arraigado derrotismo, la irresponsabilidad, el conservadurismo, el formalismo y la inmadurez de la dirección, los cuales obstaculizan de modo artificial la inclinación de nuestro Partido y Estado al desarrollo vertiginoso en todos los sectores.
Por tanto, además de estar orgullosos de los éxitos logrados en el periodo del que rendimos cuenta, debemos hacer el balance de los defectos con un enfoque crítico y con vistas al desarrollo, establecer planes minuciosos y científicos de la lucha de la siguiente etapa y capacitar el personal de mando para guiar su implementación.
Por eso, mientras el Comité Central del Partido preparaba este congreso, se concentró en sacar de forma acertada las experiencias y lecciones de los éxitos y errores del periodo del que rendimos cuenta y en tomar medidas pertinentes.
Para preparar sustancialmente esta cita, el Comité Central del Partido organizó el comité preparatorio no permanente, creó secciones necesarias y envió a grupos de estudio a todas las direcciones y sectores, de modo que indagaran exhaustivamente las labores de sectores y unidades correspondientes en el último lustro y analizaran con precisión los problemas pendientes y sus causas.
Con respecto a las actividades de los miembros del órgano de dirección del VIII Comité Central del Partido, evaluó cómo desempeñaron sus papeles y si remolcaron acertadamente el desarrollo de sectores y unidades respectivos.
Tomando como unidades los distintos sectores y ramas, se trazaron de manera científica las metas de desarrollo y los proyectos para el nuevo periodo en perspectiva, y se los presentaron al comité preparatorio del congreso. También los departamentos del Comité Central del Partido expusieron opiniones innovadoras y detalladas sobre sus planes y maneras de cumplirlos.
Asimismo, se estudiaron a fondo los asuntos relacionados con el reforzamiento de la función rectora del Partido conforme a los requisitos de los cinco puntos de la línea de la construcción partidista en nueva era, entre ellos la enmienda de los Estatutos y la reorganización del personal de mando.
En vísperas del Congreso, durante el balance de sus labores como órganos de dirección las organizaciones partidistas a todos los niveles se enfocaron en encontrar con exactitud las experiencias y lecciones y también concluyeron la elección de delegados y la recomendación de observadores para el Congreso.
En concordancia con ello, el Buró Político del Comité Central del Partido realizó de manera rigurosa y definitiva la calificación de la aptitud de los delegados electos en las conferencias partidistas de todas las provincias.
Como resultado, se evaluó que todos los compañeros electos merecen ser delegados porque son elementos medulares de nuestro Partido que hasta la fecha han logrado éxitos fehacientes como promotores de las labores de sectores y unidades respectivos y que en adelante puedan contribuir en gran medida a la tarea de materializar las resoluciones del IX Congreso del Partido.
A esta cita asisten un total de cinco mil delegados, incluyendo 224 miembros del órgano de dirección del VIII Comité Central del Partido y 4 776 electos en organizaciones de todo el Partido.
Los delegados están compuestos por:
1 902 funcionarios partidistas y políticos;
747 funcionarios administrativos y económicos del Estado;
474 militares;
32 funcionarios de las organizaciones de trabajadores;
321 trabajadores de los sectores de ciencia, educación, salud pública, deporte, arte y literatura y de prensa e información;
y 1 524 trabajadores sobre el terreno y militantes activos.
Entre ellos las mujeres son de 413.
En el congreso toman parte 2 000 observadores recomendados por las organizaciones partidistas a todas las instancias, incluyendo los funcionarios de departamentos del Comité Central del Partido.
Queridos delegados:
Nos hemos reunido en este evento significativo con la importante misión y el gran honor de ser representantes del congreso del Partido que les ha sido otorgado por la voluntad organizativa de todos los militantes.
Son muy grandes la atención y la esperanza de todos los militantes y habitantes en este congreso que será otro punto de viraje en la sagrada lucha de nuestro Partido por defender los derechos e intereses del pueblo y hacer realidad sus sueños. Todos nosotros asumimos la importantísima misión de dedicar esfuerzos sinceros, activos y responsables al trabajo satisfactorio del evento.
Jurando solemnemente que este congreso será infinitamente fiel al gran kimilsungismo-kimjongilismo en representación de todos los participantes en este congreso, el noveno de su carácter en la gloriosa historia del Partido del Trabajo de Corea, y convencido de que gracias a la elevada conciencia política y fervor de todos los delegados el presente evento será una oportunidad significativa e histórica que conduzca enérgicamente el avance victorioso de la causa revolucionaria del Juche, declaro inaugurado el IX Congreso del Partido del Trabajo de Corea.