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Mi casa entrañable
Pak Ji Song, alumno de la Escuela Secundaria n.° 1 de Pyongyang
  Parece que fue ayer que pasé en vela toda la noche enterado de que fui aprobado en el examen de ingreso en la Escuela Secundaria n.° 1 de Pyongyang y el primero de abril, día del inicio del nuevo curso escolar, en que entré en el nuevo colegio con nuevo uniforme escolar puesto, pero, ya ha pasado un año.
  El excepcional orgullo de estudiar en esta escuela, la máxima de las bases de formación de talentos del país, me trae a menudo a la memoria a mi maestra.
  Ella es la maestra Kim Ok de la Escuela Secundaria Alta de Munsin del municipio Tongdaewon, quien me inspiró para estudiar en la Escuela Secundaria n.° 1 de Pyongyang.
  Hace 4 años perdí a mi madre y luego, hasta a mi padre.
  No pude contener las lágrimas por la tristeza de haberme convertido en un huérfano.
  Pero, me apresaba lo que el padre me había recomendado en su vida: "Ji Song, estudia bien para ingresar sin falta en la Escuela Secundaria n.° 1 de Pyongyang."
  Pero, me dominaba la preocupación por la imposibilidad de lograrlo a solas.
  Un día, Kim Ok, maestra encargada de mi clase, me invitó a vivir juntos en su casa.
  Esa propuesta, aunque me asombró mucho, me atrajo porque ella me parecía mi hermana mayor.
  En aquel entonces, ella tenía gran angustia por su padre que guardaba la cama a causa de la enfermedad incurable.
  Pese a ello, ella me asistió sinceramente como si fuera yo su hermanito.
  "Puedes alcanzar sin falta tu meta, con tu capacidad de conocimientos. Debes matricularte en la Escuela Secundaria n.° 1 de Pyongyang, tal como deseó tu padre."
  Me dijo ella y procuró enseñarme suiquiera una cosa más.
  Y cada vez que yo sacaba mejores notas en concursos de estudio, no ocultaba su alegría dándome ligeras palmadas por la espalda.
  Y prestó mucha atención a mi nutrición, diciendo que para estudiar mejor hace falta comer bien.
  Fuera de la maestra, hasta mis compañeros de la clase y sus padres me hicieron muestras de su sinceridad.
  Por fin, llegó a la escuela la alegre noticia de que yo y otros muchos alumnos fuimos aprobados en el examen de ingreso en escuelas superiores.
  En el acto congratulatorio efectuado en la escuela el director dijo: "¡Cuán alegres habrían estado los padres del alumno Pak Ji Song, si hubieran visto esta realidad! Vamos a felicitarle siendo sus padres y hermanos."
  Cuando todo el mundo me daba efusivos aplausos, pensé: Los maestros son mis padres, mis colegas, mis hermanos y la escuela, mi entrañable casa...
  Aun después de mi trasladado a nueva escuela, la maestra Kim Ok siguió atendiéndome con cariño.
  Preocupándose siempre por el cambio del clima, me envió la ropa enguatada, uniformes deportivos y alimentos y asistió a la reunión de padres de escolares y las fiestas deportivas en calidad de mi madre.
  En la Escuela Secundaria n.° 1 de Pyongyang también yo fui objeto de ese cordial amor carnal.



  ¡Cuán cordial y atenta es la sinceridad que me muestran Cha Ju Nam, maestro encargado, y los compañeros de la clase!
  Haciendo florecer a mis anchas mi esperanza bajo tal atención cordial, me he percatado profundamente de que la Escuela Secundaria n.° 1 de Pyongyang es también mi casa afectuosa y que por vivir al amparo del agradecido régimen socialista nunca soy huérfano.