Vista recuperada
Y quien recobra la vista siente más su valor.
"Recuperé la vista al cabo de 11 años. Ahora camino a solas. Esto se debe al mejor régimen socialista de mi país. Muchas gracias."
Confesó Choe Sun Hui, mujer residente en el barrio Tangsang n.° 2 del municipio Mangyongdae de la capital.
En el verano del año pasado, ella se sometió a la operación ocular en el Hospital Oftalmológico de Pyongyang.
Quien tomó el bisturí de la operación, fue la doctora O Kyong Hui.

"Al principio, el estado de la paciente estaba muy mal. Tenía un expediente clínico confuso y se le había aplicado ya tres veces la operación.
Si la paciente pierde la vista por un fallo, ello sería un resultado fatal para la paciente y el error irreparable también para la doctora.
Menos de 10% de esperanza había..."
Aunque trató a numerosos enfermos durante casi 10 años de su dedicación a la oftalmología, ese síntoma raro le preocupó mucho, impidiéndole tomar la decisión de operarla.
Esa situación le hizo tener profunda meditación acerca de la responsabilidad de los médicos, dijo O Kyong Hui y contó lo sucedido cuando se ubicó como oftalmóloga.
"Para experimentar cómo estaría al quedarse ciego, permanecí durante bastante rato en la habitación oscura con los ojos cerrados. Y pensé: ¡Cuán penoso es realmente vivir en la oscuridad! La luz, aunque sea un rayo, servirá de mucha ayuda al paciente.
Pensé que posibilitar a los privados de la vista ver la luz, aunque fuese un rayo, es cumplir con la misión que se me incumbe a mí, oftalmóloga."
La responsabilidad del médico es tratar a los pacientes como si fueran sus propios hijos, padres o seres queridos.
Esto fue la conclusión que ella sacó durante sus actividades de servicio.
No pudo ser excepcional el caso de la mujer Choe Sun Hui.
Ella se puso en la posición de la enferma, de su esposo y de su madre.
Considerándola como un miembro de su familia, la doctora se dedicó a la terapéutica intensiva con el fin de recuperar la vista de la paciente.
La trató con todo su afecto y devoción, prestando profunda atención hasta a su estado psicológico y de salud.
Todo el colectivo del hospital se alzó para ayudar a la doctora, proporcionándole vigor y ánimo.
Aunque estaban atareados, los galenos procuraron que la ciega pudiera pasar el tiempo alegre y las enfermeras la atendieron cordialmente para que no tuviera incomodidad en la vida.
La paciente Choe Sun Hui se dio el alta al cabo de más de 40 días.
Durante los días de hospitalización, le ayudaron no solamente los médicos y enfermeras del hospital, sino también los pacientes internados, cuadros de la empresa a la que pertenece su marido, quien estaba de largo viaje oficial, y aldeanos, dijo conmovida Choe Sun Hui y prosiguió:
"Al salir de la sala de operación, guiada de la mano de una enfermera, pensé que yo soy la mujer muy feliz por vivir bajo la atención de todos, aunque no hice nada particular en bien de la Patria. Creo que esto sucede sólo en nuestro país donde no existe ningún abandonado."
Del hecho de que esa mujer recuperó la vista, se alegraron tanto en el hospital como en el centro de trabajo y la aldea, como si fuera un suceso de sus propios seres queridos.
Este hermoso mundo humano es precisamente nuestro socialismo.
Si la paciente pierde la vista por un fallo, ello sería un resultado fatal para la paciente y el error irreparable también para la doctora.
Menos de 10% de esperanza había..."
Aunque trató a numerosos enfermos durante casi 10 años de su dedicación a la oftalmología, ese síntoma raro le preocupó mucho, impidiéndole tomar la decisión de operarla.
Esa situación le hizo tener profunda meditación acerca de la responsabilidad de los médicos, dijo O Kyong Hui y contó lo sucedido cuando se ubicó como oftalmóloga.
"Para experimentar cómo estaría al quedarse ciego, permanecí durante bastante rato en la habitación oscura con los ojos cerrados. Y pensé: ¡Cuán penoso es realmente vivir en la oscuridad! La luz, aunque sea un rayo, servirá de mucha ayuda al paciente.
Pensé que posibilitar a los privados de la vista ver la luz, aunque fuese un rayo, es cumplir con la misión que se me incumbe a mí, oftalmóloga."
La responsabilidad del médico es tratar a los pacientes como si fueran sus propios hijos, padres o seres queridos.
Esto fue la conclusión que ella sacó durante sus actividades de servicio.
No pudo ser excepcional el caso de la mujer Choe Sun Hui.
Ella se puso en la posición de la enferma, de su esposo y de su madre.
Considerándola como un miembro de su familia, la doctora se dedicó a la terapéutica intensiva con el fin de recuperar la vista de la paciente.
La trató con todo su afecto y devoción, prestando profunda atención hasta a su estado psicológico y de salud.
Todo el colectivo del hospital se alzó para ayudar a la doctora, proporcionándole vigor y ánimo.
Aunque estaban atareados, los galenos procuraron que la ciega pudiera pasar el tiempo alegre y las enfermeras la atendieron cordialmente para que no tuviera incomodidad en la vida.
La paciente Choe Sun Hui se dio el alta al cabo de más de 40 días.
Durante los días de hospitalización, le ayudaron no solamente los médicos y enfermeras del hospital, sino también los pacientes internados, cuadros de la empresa a la que pertenece su marido, quien estaba de largo viaje oficial, y aldeanos, dijo conmovida Choe Sun Hui y prosiguió:
"Al salir de la sala de operación, guiada de la mano de una enfermera, pensé que yo soy la mujer muy feliz por vivir bajo la atención de todos, aunque no hice nada particular en bien de la Patria. Creo que esto sucede sólo en nuestro país donde no existe ningún abandonado."
Del hecho de que esa mujer recuperó la vista, se alegraron tanto en el hospital como en el centro de trabajo y la aldea, como si fuera un suceso de sus propios seres queridos.
Este hermoso mundo humano es precisamente nuestro socialismo.