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Novela corta "3 años, 30 años" (11)
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  Dicen que en la infancia la memoria es igual a la cámara. Tal vez por esa razón, las personas recuerdan vivamente a sus maestros que les enseñaron en el jardín de infancia o el curso primario, aún después de muchos años transcurridos. En mi caso, recuerdo hasta sus nombres.
  Pero, ello no pasa de ser el recuerdo. ¿Cuántos de los discípulos ya crecidos acudirán a ver a sus maestros del tiempo primario, dejando atrás a los educadores del jardín de infancia?  
  Tampoco lo hice ni vi a algunos educados por mi madre que vienen a verla aunque ella se dedicó durante años a la enseñanza.
  ¿Por qué?  Sin duda alguna, se debe a que existen los maestros inolvidables que les enseñaron lo mucho y mayor que lo hecho por ella.
  Con el paso del tiempo y al recibir la educación superior, la gente va olvidándose de que en su vida hubo un tiempo en que aquejó mucho a los educadores a causa de la mala memoria del alfabeto y mal cálculo matemático. Por eso se alejan mucho dejando sólo su silueta en medio del recuerdo de la infancia a los maestros del curso primario, que les enseñaron con tanto trabajo que se requiere para dar a entender la teoría de la relatividad los conocimientos elementales que pueden tomarse a veces por lo sabido desde la etapa del embrión.
  A mi parecer, el vocativo "Maestro" se aviene mejor a los educadores de los cursos secundario y universitario.
  Se debió precisamente a Sol Mi tal pensamiento que me vino de modo repentino.
  "¿Será aceptable la foto de este tamaño? Es la mayor que tengo."
  Ella me mostró una foto de dimensión de un cuaderno, en que aparecen riéndose 2 féminas soldados con un caqui cargado de frutas en su fondo.
  Una fue, sin duda alguna, Sol Mi y la otra se parecía a ésta como hermana, aunque llevaban ambas distintas insignias en la hombrera.
  "¿Quién es esta?"
  "Es mi primera jefa de escuadra."
  La foto es en otra palabra el cuadro matizado con el recuerdo. Como si le infundieran de súbito algún vigor los caquis bien maduros de la foto, Sol Mi empezó a contar una historia, aunque yo no lo pedí.
  "Me enseñó a nadar la jefa de escuadra. Aprendí en el ejército lo que no logré en la escuela.
  En la época de estudio primario, la maestra me metió al agua y me reprochó diciendo: 'Sol Mi, mueva los brazos y las piernas, tal como te enseñé, si no morirás ahogada. Pero, no te daré socorro.' Pese a ello, no pude moverme. Mas, la jefa de escuadra me dijo con voz queda que sin aprender a nadar yo no podía ser la artillera de costa que defienda el mar de la patria.
  Me pareció que ese consejo fue más temeroso que la amenaza de la muerte, porque lo aprendí en menos de dos meses. ¿No te extraña?"
  Con expresión meditabunda, Sol Mi dirigió su mirada hacia la foto apoyada en el tablero de cuadro. Nada me extrañó.
  El soldado crea a veces el milagro que va más allá de la imaginación, debido al sagrado e importante deber que le concede la patria.
  El problema era la maestra de la escuela primaria, aludida como objeto de comparación en el relato de Sol Mi.
  En fin de cuentas, en su alma, aquella estaba colocada detrás de su jefa de escuadra.
  ¿Si esa maestra de escuela primaria es mi madre...?
  Si lo mucho enseñado por mi madre se hizo como la caduca foto en negro y blanco, lo de la jefa de escuadra era claro y nítido como la nueva foto en color que estaba delante.
  Por si acaso por todo esto mi madre padecerá hasta ahora la pesadumbre mental...
  Hasta Han Chol Myong que no recuerda bien el semblante de la maestra quien le enseñó en la escuela primaria, terminó el curso secundario y estudia hoy en el instituto superior. A la sazón, sacamos una conclusión de que los esfuerzos de los educadores en el curso primario no dejan rastros particulares en la vida de los discípulos. Por eso se le olvidan con facilidad...
  En seguida me advertí de que la educación primaria es igual al boceto a lápiz, que se permite borrar si se pinta mal u ocultarlo con el color repintado...
  Esta idea incesante me hizo ponerme más desanimado. Entonces, ¿para qué debemos hacer ejercicio de lectura de fábulas o sudar para aprender el modo de bailar moviendo el corpulento cuerpo, pese a que todo ello nos convierten en objetos de burla de otros?
  "¿En qué piensas tanto?"
  La pregunta de Sol Mi me sacó de la meditación.
  "No, nada. Continúa."
  Le mostré una sonrisa bobeada cuyo significado ni sabía yo y acerqué el lápiz al tablero. Sin liberarme de la idea de que todo ello era inútil, moví las manos de manera mecánica.
  No me advertí del paso del tiempo...
  Para nosotros que ni nos dábamos cuenta de que estaba obscureciéndose afuera, alguien encendió la luz. De repente se clareó la vista.
  "¡Ah, Un Ae! ¿Ha terminado el ejercicio?"
  Preguntó Sol Mi a su amiga que encendió la luz. Un Ae que, según dijo, había aprendido en el círculo de baile deportivo del Palacio de Escolares y Niños, brindaba ayuda a otros compañeros.
  "Todavía Chol Myong y Hak Son..."
  Ella con el cuerpo esbelto como bailarina y el semblante bonito, eludió la respuesta, titubeando.
  "¿Se niegan a aprender el baile?"
  Sol Mi levantó ya su cuerpo medio del asiento.
  "No es eso, sino..."
  Yo también solté el lápiz. Tal actitud embarazosa de Un Ae, presagiaba algo inusual.
  Para Han Chol Myong no habría sido fácil mover los brazos y piernas duros como leñas al compás de la canción "la cabra cantante...", aguantando reproches de aquella jovencita. Acaso lo habría abandonado, diciendo que no lo haría nunca...
  Como si estuviéramos acordados previamente, Sol Mi y yo nos dirigimos a la sala de baile. Yo, adelantado un paso, abrí la ancha puerta del extremo del pasillo y se oyó el grave ronquido.
  La cara de Sol Mi se puso pálida como hoja blanca.
  "¿Qué es esto?"
  Hak Son que estaba sentado en el suelo, se levantó sobresaltado como el ternero quemado.
  "Un breve tregua... Él propuso descansar un ratito y se quedó dormido."
  Se abrió la boca apretada de Sol Mi.
  "Está impacienta quien os enseña y..."
  ¡Cuán lastimoso es esto! Clavé un rato la vista en la cara de Chol Myong que roncaba con despreocupación y la dirigí hacia Sol Mi, a modo de pregunta.
  De nuevo me invadió la idea de que todo ello era inútil. ¡Qué valdrían aunque salgan sobresalientes de esta manera!