/ Diviértanse - Biblioteca
Novela corta "3 años, 30 años" (9)
4

  "¿Quién se casaría con aquella muchacha? Vaya..., se parece a un picamaderos."
  Me lo dijo Han Chol Myong de Sol Mi, de quien recibía la ayuda sobre la asignatura de la música.
  Según él, ella le daba tareas por hora y examinaba sin falta su cumplimiento y hasta él, de carácter imperturbable, se veía obligado a pasar todo el día ante el piano tocándolo con los dedos de nudillos rudos.
  "¡Puf! ¿Quién se aprobó antes que nadie su propuesta y quién se queja ya de ella?" Quise mofarme de él así, pero reprimí en seguida la idea. ¡Cuán penoso se sentiría él hasta decirlo!
  "Vana preocupación. Al parecer, ya uno está enamorado de Sol Mi. Ah, parece que ella está enamorada de él..."
  Se nos acercó Hak Son vestido de uniforme deportivo, calentando dos manos con el aliento. Chol Myong y yo estábamos enseñándole los ejercicios en la barra fija.
  "¿Es verdad?"
  Nos quedamos asombrados.
  "Sí. Un galán viene a veces a su casa. Dicen que es profesor o doctorando de un instituto superior..."
  "¿Qué disparates dices, chico? ¡Anda, ahora a las barras paralelas!"
  Gritó Han Chol Myong como si estuviera enojado y Hak Son frunció el ceño, dirigiéndose al aparato indicado.
  Sentí un disgusto, no sé el por qué. De todas maneras, no había aquí nada incomprensible.
  "Oye, Hak Son, ya basta. Ven acá."
  Chol Myong le llamó con ternura, como si no hubiera alzado la voz.
  "¿Lo viste con tus ojos?"
  Parecía que ello le hizo tener un poco miedo a Hak Son.
  "Sí, varias veces. Cuando ese hombre regresaba, Sol Mi le acompañaba hasta el vestíbulo para despedirse de él. Pero..., ¿es eso algo malo?"
  ¡Qué ingenuo mocoso es!
  Reímos Chol Myong y yo. Pero, como somos hombres, nos comprometimos a callar el secreto personal de la joven, quien antes de serla, era la secretaria de nuestra organización juvenil de base.
  Por la tarde, Sol Mi y yo nos sentamos ante el tablero de pintura.
  "¡Ea! ¡Manos a la obra otra vez!"
  A decir la verdad, ello era mí cosa aburrida.
  Además, fingir no conocer el secreto ajeno, me hacía sentir como si yo fuera un hipócrita. Tampoco mi voz sonaba como la mía.
  No obstante, fue más lamentable de lo que yo imaginaba, la facultad de pintura de mi "discípula".
  "¿Qué aprendiste en la escuela? Eres suspensa en bellas artes."
  La vi por primera vez exhalar un suspiro indigno de ella.
  "Sólo tuve apego a la música desde el curso primario. Francamente dicho, en la niñez soñé con ser pianista de fama. Mi madre sembró ese sueño en mi corazón. Incluso, la maestra encargada de mi clase amó mucho la música."
  Ya no valía la pena escucharla más. No cabía duda de que estuvo tan fanática a la música que menospreció otras asignaturas. Precisamente sucedió lo mismo entre algunos escolares del círculo de música en la época de mi estudio secundario.
  "¿En qué escuela primaria estudiaste?"
  Le pregunté como de paso, cogiendo un lápiz adecuado.
  "En la escuela primaria de Ryusong."
  La respuesta me asustó. Un presentimiento ominoso envolvió de repente mi cuerpo. Era donde mi madre se dedicó a la educación. ¿Quizás...?
 Temblaba ligeramente mi mano que mantenía el lápiz. Si bien deseaba conocer el nombre de aquella maestra, salió de mi boca la palabra completamente distinta.
  "Entonces, todo, a causa de aquella maestra..."
  "No." Sol Mi refutó rotundamente y empezó a borrar algo con la goma en el papel blanco que no tenía dibujada nada, como si encontrara allí mancha alguna.
  "Todo se debió a mí. Llena de la ilusión por la música, estuve alejada de otras asignaturas."
  Me puse nervioso, porque el lamento de ella por sí misma me hizo percibir intuitivamente que en su fondo había algo no grato sobre la maestra de la escuela primaria.
  "Pero, ¿por qué no te has ingresado en el Instituto Superior de Música?"
  Sol Mi aspiró el aire hasta inflarse las dos mejillas y con soplos hizo volar polvos de goma.
  "Lo anhelé, pero a causa de las notas bajas..."
  "¿¡...!?"
  En aquel entonces, mi semblante se puso serio, pero, Sol Mi no lo advertía.