Novela "3 años, 30 años" (7)
Perdóneme, maestra,por no hacer bien la tarea química...
Continuó mi recitación de poesía. No dudé que comenzaran a humedecerse los ojos tanto de la profesora, como de mis condiscípulos. Antes yo no había fastidiado tanto a los maestros como el protagonista lírico de la poesía, sino estado siempre bajo la rigurosa exigencia.
Por fin, llegó al clímax mi recital de poesía. Poniéndome en mi pecho la mano alzada al espacio, terminé de recitarla con eco y casi musitando "y perdóneme".
En realidad, este último párrafo se dirigía a la profesora y a mis colegas.
No hubo aplausos. Por muy emocionante que fuese mi recital, era la lección en que yo debía leer la fábula. Y la hora de la lección iba tocando a su fin.
"La recitación fue buena y comprendo lo que sientes. Pero, compañero Jun Min..."
La profesora escribió algo en su agenda y cubrió con tapa su bolígrafo.
"Como ya he recalcado, ustedes deben tener bien presente que hablar y leer conforme al sentimiento y psicosis de los infantes de edad escolar es una de las cualidades indispensables para ustedes. Aunque se parece insignificante, si menosprecian esta asignatura pueden echar a perder no los víveres para un año como el oso pinto de la fábula, sino nuestros esfuerzos docentes de 10 años. ¿Me entienden? Ven usted a verme con el compañero Han Chol Myong, después de entrenarlo bien."
Al regreso a mi asiento, vi los ojos redondos de Sol Mi, llenos de la duda y sorpresa. Era la misma mirada con que me miró hace días en el campo de construcción del edificio escolar, a través del hueco de ventana.
Como supuse, en la reunión de responsables de la organización de base, efectuada días después, Sol Mi abrió el "fuego justiciero de cañón", cuyo blanco era yo.
Salió de entre sus labios cariñosamente gruesos la crítica como bala: que no me porté como desmovilizado, que fue grave el haber perturbado la lección y despreciado a la profesora y a los compañeros del aula, pero si se da rodeo al arremetedero por hallar obstáculo difícil de superar, qué difiere ese acto con el del desertor... No fue alto su tono, pero, cada palabra suya estaba muy aguda.
Aunque algo bullía en mis adentros, la escuché calladamente. Porque sería humilde excusa cualquiera réplica mía y además, la censura de ella no era injusta, si bien se consideraba excesiva.
Antes de sentirme doloroso o lamentable, me quedé aturdido. ¡¿Cómo he caído en tal situación yo que en la época del curso secundario fui exaltado como descomunal talentoso en varias asignaturas ni me quedé ninguna vez a la zaga en los días de mi servicio militar no tan fáciles?!
"Fue magnífico tu modo de recitar la poesía. ¿No me vas a aceptar como tu discípulo?"
Hasta esta palabra de Han Chol Myong, indudablemente sincera, se me parecía una burla.
"¡Bah! Estando en la misma situación, ¿quién enseñará a quién? Más valdrá tener a Hak Son como maestro."
"Parece que tienes razón."
Tras chascar la lengua, Chol Myong empezó de nuevo a imitar al oso pinto, con los ojos clavados en el manual. Yo también abrí el libro, pero no se saltaba a la vista la escritura.
Al fin, cerré el libro nerviosamente.
(Sol Mi... ¡A ver! Tampoco serás sabelotodo. Algún día, te pondrás en la misma situación con nosotros.)
3
Sol Mi era también autora de nueva iniciativa. Por su proposición, en mi aula se efectuaba una vez por mes la visita extraordinaria. Su objeto no era sino el campo de construcción del nuevo edificio escolar."¡Caramba! ¿Es esto la ayuda laboral o la excursión?"
Al volver de aquel terreno de la obra efervescente, Han Chol Myong se quejaba siempre así.
Por lo visto, no le satisfacía recorrerlo sólo con la mirada. Los constructores nos hicieron regresar obstinadamente, para que nos dedicáramos sólo al estudio. La única oportunidad para estar junto con los constructores era solo el receso recreativo. Pero, en esa escena de cantos y bailes, no valía para nada la dote de Han Chol Myong.
Sin duda alguna, nos impresionaba mucho ver el panorama del nuevo edificio escolar que cambiaba de su fisonomía día a día. A veces, sentíamos algo parecido al recelo.
"Oye, "doctor" en construcción, ¿para qué servirá ese cuarto que acabamos de ver? Según su dimensión parece ser un aula, pero, ¿por qué tiene un pozo en medio del suelo?"
Sin dar respuesta inmediata, Han Chol Myong hizo ademán incomprensible con su nariz abultada.
"¿Quién sabe? Tal vez para instalar algún aparato especial..."
Ello me hizo reír. Por mucho que me devané los sesos, no nos parecía que habría una asignatura que necesite el artefacto de tal índole.
"A mi parecer, aquello es el aula virtual. Como en el cine de simulación se mueven las sillas... ¡Qué interesante será!"
Me asustó la conjetura inocente de Hak Son. Para él sería interesante, pero para mí se me pareció como un nuevo desafío.
La época se desarrolla sin interrupción. Lo mismo sucede en la educación.
El certificado de notas sobresalientes de mi época de estudiante secundario que mi madre conservaba aún como acervo familiar, se destiñó por dentro más que por fuera como vestigio del lejano pasado.
"¡Ah! Según dijo mi madre, en la casa de Sol Mi está colgada la foto memorable que ella se tomó junto con el padre Mariscal."
Hak Son que venía detrás de mí, me susurró como si delatara un secreto tremendo.
"¡Vaya!"
Han Chol Myong dijo haciendo ademán de admiración con su nariz abultada y yo, disimulando mi sorpresa, le pregunté.
"¿Es verdad?"
"Sí. Dice que se retrató durante su servicio militar. Según mi madre, Sol Mi está al lado del padre Mariscal abrazando su brazo."
Han Chol Myong y yo asentimos sin decir más. No pude contener la envidia que brotaba de un rincón del corazón.