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Novela corta "3 años, 30 años" (6)
  Yo no tenía la necesidad de decir de tal manera a la madre que en un tiempo se había dedicado a la educación en una escuela primaria.
  Como si confirmara mi suposición, se puso visiblemente sombrío su semblante.
  "No saltes a la conclusión. No es que quienquiera, por graduarse de un instituto superior, pueda ser maestra de escuela primaria."
  Por lo visto, esta afirmación suya tenía algún motivo excepcional. Por eso, solté esa sospecha que abrigaba desde hace mucho tiempo.
  "Madre, ¿por qué suspendiste tu trabajo de maestra?"
  Según yo sepa, ella que trabajaba como actriz después del estudio en el Instituto Superior de Música, abandonó la escena debido al problema de la salud, estuvo sometida al tratamiento médico durante varios años y se ubicó por propia voluntad como maestra del curso primario, por tener el título para ejercer la docencia. Pero, no sé por qué razón, unos años después volvió a abandonar esa escuela de modo voluntario, pasándose a ser redactora de una revista de arte, hasta jubilarse.
  No conocía aún su causa.
  Mi madre me respondió sin titubeo.
  "Es porque yo no tenía la capacidad de ejercer la docencia."
  Fue increíble. Yo recordaba aún con frescura los hecho de que los escolares talentosos en la música, instruidos por ella, fueron resaltados en varios concursos nacionales y que sus padres vinieron hasta a mi casa a verla para expresar su gratitud y confiarle el futuro de sus hijos. En la escuela primaria donde estudié existían muchos maestros competitivos, pero, al compararlos con mi madre, eran ordinarios.
  "¿Qué dices? ¿Que no tenías la facultad?"
  Al verme muy asustado, ella me contó la siguiente historia.
  La madre estuvo segura de que con su nivel académico sería capaz de enseñar con facilidad a los niños del curso primario.
  Además abrigaba su propia ambición de descubrir a los escolares con dote musical e instruirlos.
  En realidad formó a algunos escolares. Pero, se diferían el apego y aptitud de la mayoría de alumnos.
  A pesar de que los alumnos y sus padres deseaban a mi madre enseñar apasionadamente también otras asignaturas como la matemática y la lengua materna, al igual que en las lecciones de la música, ella era incapaz de satisfacer esa demanda.
 Comenzaron a aparecerse uno tras otro los escolares que se trasladaban a otras clases, y hasta los padres que le pedían disculpas por ello, con ademán de pena.
  Después de haber graduado de una manera u otra a los escolares de su aula, renunció a encargarse de un aula y años después dejó de ser educadora.
  "No existe asignatura más importante o no en la etapa del curso primario en que se forma la base del concepto sobre el mundo y de la capacidad intelectual del hombre. Por eso, un maestro debe saber muchas cosas y ser capaz de enseñarlas. Tardíamente me di cuenta de que no cualquiera puede ocupar el puesto de maestro aunque no es alto.
  En fin de cuentas, cometí la culpa a los escolares de los que me encargaba, aunque no fue mi intención."
  Nunca la vi atormentarse tanto en la vida. Además, fulguró la luz de una intensa expectativa en sus ojos clavados en mí, al cabo de esa confesión no fácil de hacer.
  "A mi juicio, tú puedes ser maestro, ¿he?"
 Esto sería el motivo, para decir así, que me hizo matricularme en el Instituto Superior de Maestros.