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Novela corta "3 años, 30 años" (4)
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  Sol Mi no era una joven ordinaria. Ella electa secretaria de la organización juvenil de base, tal como vaticinó Hak Son, comenzó a exponer su propia existencia dentro de unos días. No sé si Sol Mi era oriunda de la artillería de costa, pero, si uno se hace blanco de ella, no podía evitar las ráfagas directas.
  Cuando se presentó por primera vez ante los condiscípulos de la clase en calidad de la secretaria de base, Sol Mi puso especial énfasis en los rasgos y cualidad de estudiante universitario.
  Sentimos la sensación de estar arrastrados por la jovencita, mas, todos expresaron la simpatía por su posición de principio.
  Un día participamos en la lección de lectura de lengua materna.
  Debíamos hacer ejercicios de la lectura de la fábula "Preparativos del oso pinto para invernar".
  La profesora encargada de la asignatura fue una mujer cuarentona que conservaba misteriosamente bien el psicosis infantil de unos 10 años de edad, en su apariencia bien refinada.
  Cuando ella recitaba con voz clara un poema infantil o daba lectura a un párrafo de un cuento infantil, acompañándola con sus alegres risas, nos parecía que se resucitaba en todo su cuerpo y alma la infancia de hace mucho tiempo.
  Aquel día también, tras haber reproducido sin dificultad varias escenas interesantes del cuento, la profesora, retornada ya en un santiamén a la posición rígida de la educadora, abrió la lista.
  "Entonces, pasemos al ejercicio. Adelante los que están listos."
  Sol Mi fue la primera en levantarse. De veras, ella estaba llena del ímpetu de la desmovilizada.
  Tenía buena voz. Supo describir bien el cuento, pero menos que la profesora, variando el tono y matiz de la voz en cada párrafo.
  "Magnífico. Con más esfuerzo podrás salir fructífero. Otro estudiante."
  En medio de los aplausos, se adelantó otra muchacha. Después de la representación de 6 o 7 estudiantes, Hak Son que estaba sentado a mi lado alzó el cuerpo discretamente.
 Su exposición hecha con la vista un poco desconcertada y fija a duras penas en la mesa, y modales de poca naturalidad, fue intachable en la manera de descripción.
  Muy satisfecha, hasta la profesora le mostró su cordial sonrisa a Hak Son que volvía a su sitio.
  Transcurrió bastante tiempo y quedaban sólo nosotros dos; yo y Han Chol Myong. Por fin, Chol Myong alzó con dificultad su pesado cuerpo semejante al oso de esa fabula y se plantó en la cátedra.
  "Con el advenimiento del otoño, al oso pinto..." Al resonar la voz cavernosa que no le convenía bien, había quien se tapó la boca con las manos, sin poder reprimir la risa.
  Él daba lectura muy lenta a la fábula y cuando llegó al párrafo de que el oso pinto con un abultado saco sobre el hombro daba vuelta a un recodo de la montaña, brotaron las gotas de sudor no del animal, sino de la ancha frente de Han Chol Myong.
  "Tío oso, tío oso, caen una por una las bellotas."
  Al fin, estalló una risotada en el aula. Tampoco pude contener la risa.
  ¿Acaso aquella era semejante a la voz alarmante que la ardilla daba, corriendo a su encuentro?
  Sin dar importancia a ello, Han Chol Myong no cesó de dar lectura y el oso pinto sigue su paso.
  La liebre que se preocupa por la pérdida continua de bellotas, el mapache aconsejándole que ellas caen como chorros del agua...
  Los intensos esfuerzos que Han Chol Myong hacía lastimosamente para imitar las voces finas y graciosas de la liebre y el mapache, antes bien, suscitaron más risas.